
Somos nueve en el grupo de iniciación de los sábados, y hasta hace poco yo era la única que daba un paso atrás en cuanto alguien me tocaba el antebrazo para practicar un agarre. Cuando una amiga me pregunta por autodefensa femenina para principiantes, piensa en golpes y posturas, pero lo que de verdad cuesta superar el miedo, en mi experiencia, es dejar que otra persona entre en ese espacio que una lleva años protegiendo sin darse cuenta, y eso tiene más que ver con la seguridad personal de cada día que con ninguna técnica de pelea.
Cuesta mucho superar el miedo al contacto físico en clase
Lo primero que aclaro cuando alguien me pregunta esto es que no es cuestión de ser cobarde. El cuerpo se congela solo, sin pedir permiso, y esa reacción tiene nombre en los libros de psicología, aunque en el momento no sirve de mucho saberlo. A mí me pasaba apenas sentía una mano cerca del cuello o del antebrazo: el calor me subía de golpe y los pies se me quedaban clavados, como si estuvieran de acuerdo entre ellos en no moverse. Marcial, el instructor de nuestro grupo de iniciación, habla tan bajito que una tiene que callarse por completo para escucharlo, y la primera vez que lo noté fue justo en uno de esos momentos de bloqueo: bajó la voz todavía más y solo dijo que respirara, que ya volvía.

El bloqueo no significa que estés fallando
Tina, mi compañera con más tiempo en el grupo, se queda casi siempre cinco minutos extra al terminar la sesión, practicando sola aunque nadie se lo pida, y verla me recuerda que este bloqueo no desaparece de un día para otro ni siquiera para quien lleva más rodaje. Antes de anotarme, mi única estrategia para sentirme más segura era cambiar de ruta para evitar las calles oscuras, y terminaba llegando tarde casi siempre porque el rodeo por el Mirador de Sachaca me tomaba el doble de tiempo. Eso nunca resolvió el miedo, solo lo escondió un rato. Llego con tiempo de sobra los sábados, y el frío de la silla de plástico se me pega a las piernas antes de que arranque el calentamiento; ese frío, rarísimo, es lo único que me distrae del nervio de saber que en unos minutos alguien va a acercarse a tocarme el brazo.
Aprender a decir que no, aunque la voz tiemble
Me preguntan a menudo si de verdad sirve gritar "no" en un salón lleno de gente que ya sabe que es un ejercicio. La voz como forma de defensa es algo que se trabaja aparte, y no me voy a meter en cómo entrenarla porque ese tema ya lo desarrollo en otro lado, pero sí puedo contarles cómo se sintió la primera vez que me salió algo parecido a un grito de verdad: esa misma noche llamé a mi mamá solo para contarle que había ido a clase, sin decirle ni una palabra de lo ridícula que me sentí con la voz quebrándose a media frase delante de todos. Colgué pensando que ella nunca se enteraría de esa parte, y de alguna forma guardarme eso me hizo sentir menos expuesta, no más sola.
Practicando sola en casa antes de volver al tatami
Cuando el contacto en vivo se sentía como demasiado, empecé a buscar algo que pudiera ver en casa, a mi ritmo, sin nadie a medio metro esperando mi reacción. Así llegué a 21 Secretos para Vencer a Agresores Callejeros, un curso en video que no se enfoca en pelear como en una pantalla de acción sino en entender la lógica detrás de cada movimiento. Verlo sin presión, sin que nadie me tocara mientras miraba, fue lo que me permitió llegar al siguiente sábado un poco menos tensa.
Ahí entendí que la postura del cuerpo comunica algo distinto según cómo la sostienes, y ese tema de la confianza al caminar merece su propio espacio: por eso prefiero mandarlas a leer sobre cómo aprender autodefensa personal mejora la confianza al caminar sola en vez de repetirlo aquí. Lo que sí les puedo decir es que poner un límite físico sin sentir que estás siendo grosera es otra cosa que se aprende aparte, y que combinar las clases presenciales con algo grabado tiene su lógica: por qué complementar tus clases con el curso online Secretos Callejeros es un tema que desarrollo en otro lado para quienes, como yo antes, se bloquean apenas alguien se acerca.

De ahí saqué algo así como mi propia lista de recordatorios, aunque suene menos ordenada en la vida real que en un video: aceptar que el bloqueo no es un fracaso, dejar que el cuerpo entienda con calma antes de exigirle reacciones rápidas, y no pedir disculpas por ocupar espacio, ni en el tatami ni en la calle. Volver a ver fragmentos del curso, especialmente los 21 Secretos otra vez cuando algo no me quedaba claro, me sirvió más para entender la lógica detrás de cada técnica que para memorizar movimientos, y esa lógica es la que después traigo de vuelta a la clase de los sábados.
Saber si estoy lista para el contacto directo
Esta es la pregunta que más me hacen las que recién están por anotarse, y la respuesta corta es que no hay un punto exacto donde el miedo se apaga solo. Lo que sí noto, y esto es lo único que uso como señal, es si logro nombrar en voz alta lo que estoy sintiendo antes de que alguien me toque —"estoy nerviosa", "necesito un segundo"— en vez de quedarme calladita aguantando. El día que puedo decir eso sin que se me trabe la voz es el día que sé que estoy lista para esa sesión en particular, aunque la siguiente semana el miedo puede volver a aparecer igual de fuerte. No es un progreso derecho hacia adelante; va y viene, y avisar cuando algo incomoda es, para mí, mejor termómetro que cualquier sensación de calma.

Lo que cambió, sin ponerle fecha exacta
Llevo casi un año yendo los sábados, y todavía hay días en que el instructor pide practicar un agarre y mi primer impulso es dar un paso atrás. Lo que cambió no fue que el miedo se esfumara, algo que no me ha sucedido ni creo que a nadie. Lo que cambió es que ahora sé nombrarlo antes de que me gane. Camino distinto por Arequipa, sobre todo en el tramo cerca del Mirador de Sachaca que antes evitaba a toda costa, y he ido aprendiendo por separado a estar alerta al caminar por la calle sin sentir tanta paranoia, un tema distinto pero que se apoya en lo mismo: dejar de pedir perdón por ocupar mi espacio, ni en el tatami ni en la vereda. Si estás por anotarte a un grupo de iniciación y te preocupa más el contacto que las técnicas mismas, mi consejo es que se lo digas a tu instructor desde el primer día: la mayoría, como el mío, prefiere ajustar el ritmo antes que perder a alguien por vergüenza. Y si quieres algo para revisar en tus propios tiempos antes de volver al tatami, sigo recomendando 21 Secretos para Vencer a Agresores Callejeros como complemento, nunca como reemplazo de la práctica presencial.