Paola Miranda
Redacción de Defensa desde Cero
Sobre la autora
Trabajo en una oficina en Arequipa. Durante años, caminar a casa de noche significaba bajar el volumen de los auriculares a la mitad y fijarme más en los pasos de atrás que en la calle de enfrente. Nunca le puse nombre a esa incomodidad, simplemente aprendí a cargar con ella.
Fue mi compañera de oficina, Lizbeth Apaza, quien me mandó el enlace a un curso de iniciación en defensa personal, y después juró y perjuró que no había sido ella. Me inscribí casi sin pensarlo. La primera clase fue un desastre pequeño y honesto: no logro coordinar las manos con los pies, me da vergüenza frente al grupo, y cuando el instructor pide que gritemos "no" para que se oiga en toda la sala, la voz se me va por completo. Todavía me pasa, meses después.
El instructor se llama Marcial Bedoya, expolicía retirado que enseña autodefensa básica en el centro comunitario del distrito. Habla tan bajo que una tiene que prestar atención de verdad, y abre cada sesión con el mismo chiste malo, sin cambiarle una coma, aunque ya nadie se ría. Tampoco pierde la paciencia, ni siquiera cuando el grupo entero se lo pone a prueba, que es seguido.
En el grupo de principiantes está Damaris Lipa, que el primer sábado insistía en que esto era una clase de pilates; nadie le creyó del todo, pero nadie dijo nada. Tina Huamaní lleva tres semanas más que yo en el grupo y desde el primer día me guarda un lugar para dejar la mochila, sin que se lo pida. Son ellas, más que cualquier técnica, las que hacen que valga la pena volver cada sábado.
No tengo formación en artes marciales ni busco un cinturón. Entre semana abro algún curso online de vez en cuando y avanzo lo que puedo, aunque no siempre lo termino. Lo que sí me quedó grabado desde la primera clase es que, si algo se pone feo de verdad, la prioridad es alejarse y pedir ayuda, no quedarse a demostrar nada. La guardia, el grito, el equilibrio, todo eso lo practico los sábados en el salón. Caminar de noche es otra cosa, aunque ayuda un poco más que antes.
Artículos de Paola Miranda
- Por qué aprender autodefensa personal mejora la confianza al caminar sola
- Lo que aprendí en secretos callejeros para evitar asaltos en la ciudad
- Movimientos de defensa personal para mujeres sin mucha fuerza física
- Mejorar la conciencia situacional al caminar a casa después de trabajar
- Ejercicios para superar el miedo a gritar en clases de autodefensa
- Lo que aprendí sobre usar objetos comunes para defensa personal urbana
- Cómo empezar a entrenar autodefensa si nunca has hecho artes marciales
- Errores comunes de seguridad al salir del trabajo por la tarde
- Análisis de los mejores métodos de autodefensa para aprender en casa
- La importancia del lenguaje corporal para evitar ser un blanco
- Cómo poner límites físicos sin sentir vergüenza en lugares públicos
- Qué hacer ante un posible asalto si no sabes pelear
- Mi experiencia con los secretos para vencer a agresores callejeros
- Secretos para detectar situaciones de riesgo en la calle a tiempo
- Cómo superar el bloqueo mental ante una situación de peligro
- Técnicas de autodefensa para mujeres que trabajan en oficinas
- Lo que de verdad me dio más calma al caminar sola de noche tras años de miedo
- El día que decidí dejar de ser un blanco fácil y lo difícil que fue gritar 'no'
Divulgación
Aviso rápido antes de que sigas: algunos enlaces de este sitio son de afiliado. Si te animas a comprar un curso desde uno de ellos, a mí me llega una pequeña comisión y a ti no te cuesta ni un sol más. Te cuento solo de lo que de verdad pasé en mis clases torpes de los sábados; si algo no lo probé yo misma, te lo aviso.