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Cómo superar el bloqueo mental ante una situación de peligro

Cómo superar el bloqueo mental ante una situación de peligro
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Una noche de invierno al salir de la oficina en Arequipa, el silencio de la calle me devolvió ese miedo familiar que me deja clavada al suelo ante una sombra desconocida. Es una sensación horrible, ¿verdad? Como si tus pies de pronto pesaran cien kilos cada uno y el aire se olvidara de cómo entrar en tus pulmones. Me quedé ahí, apretando las llaves en mi bolsillo —sentía el frío del metal contra la palma de mi mano—, viendo cómo una sombra se alargaba cerca de un poste de luz. Al final no era nada, solo un gato o el viento moviendo algo de basura, pero esa parálisis me dio más miedo que cualquier otra cosa.

Antes de que se me olvide contarles cómo terminé inscrita en clases para dejar de ser un 'mueble' ante el peligro, un aviso rápido: por aquí van a encontrar algunos enlaces de afiliado. Si algún curso les hace clic y lo compran desde ahí, a mí me llega una comisión por mandarlos para allá y a ustedes el precio no les cambia en nada. Solo les cuento de lo que de verdad probé en mis clases torpes de los sábados o en mis ratos libres. El día que algo no lo haya usado, se los aviso sin que pregunten. Ah, y por cierto, no soy ninguna experta en seguridad ni cinturón negro de nada; solo soy Paola, la que trabaja en la oficina y se asusta con las sombras. Si sienten que su ansiedad es muy fuerte, siempre es bueno hablar con un profesional de la salud.

Ese momento en que el cerebro decide irse de vacaciones

Hace unos seis meses me cansé. Me cansé de sentirme una presa fácil cada vez que caminaba a casa después del atardecer. Así que, medio por impulso, me inscribí en unas clases de autodefensa para principiantes los sábados. Durante las primeras sesiones, descubrí que mi mayor enemigo no era un supuesto agresor, sino mi propio silencio. El instructor, que tiene una paciencia de santo (en serio, no sé cómo no se desespera conmigo), nos pedía gritar '¡No!' con todas nuestras fuerzas.

Y ahí estaba yo. En medio del gimnasio, rodeada del olor a caucho de las colchonetas que ya se me quedó impregnado en la nariz. Intenté gritar y... nada. Solo salió un aire sibilante y débil, como un silbato roto, mientras mis compañeros me miraban en silencio. Sentí una presión punzante en el esternón que me impedía inhalar profundamente. Pensaba para mis adentros: '¿por qué mi cerebro se apaga justo cuando más lo necesito?'. Ver mi reflejo asustado en el espejo del pasillo me hizo darme cuenta de que el bloqueo mental es real y muy frustrante.

Colchonetas de gimnasio de caucho azul y una botella de agua

Resulta que ese bloqueo tiene un nombre y una explicación. Aprendí que existen exactamente 3 respuestas instintivas del sistema nervioso ante el peligro: luchar, huir o quedarse congelado (el famoso 'freeze'). Mi sistema límbico, que es como el guardaespaldas antiguo que todos llevamos dentro, decidía que la mejor forma de que no me vieran era convertirme en estatua. Muy útil si eres un conejo en el bosque, pero no tanto si estás en una calle solitaria de Arequipa.

En mi búsqueda por entender esto, empecé a leer más sobre el tema. No buscaba técnicas complejas de lucha —ya tengo suficiente con no tropezarme con mis propios pies, como le pasa a un compañero de clase que es todavía más distraído que yo—, sino entender cómo hacer que mi mente reaccionara. Fue cuando encontré un material que me ayudó a practicar en casa, entre clase y clase de los sábados.

Entrenando el interruptor del miedo

Empecé a ojear el programa 21 Secretos para Vencer a Agresores Callejeros. Lo que me gustó es que no te pide que seas una atleta olímpica. Tiene una calificación de usuarios de 4.5 por algo: se enfoca mucho en la psicología y en lo que pasa antes de que siquiera haya un contacto físico. Son precisamente 21 lecciones clave que te ayudan a entender el entorno.

Lo que me sirvió muchísimo fue la parte de la visualización mental. Un martes por la noche hace poco, estaba en mi sala y empecé a imaginar escenarios simples. No peleas de película, sino simplemente imaginarme caminando, detectando a alguien que me sigue y, en lugar de congelarme, cruzar la calle con decisión. Parece una tontería, pero después de varias semanas de práctica en casa, esa presión en el pecho empezó a ceder un poco. Es como si le estuvieras enseñando a tu cerebro que hay otras opciones además de ser una estatua.

Cuaderno de notas con el número 21 junto a una computadora

A veces me pongo a pensar en lo que dicen otros blogs sobre lo que de verdad da más calma al caminar sola de noche. Casi siempre coinciden en que la confianza no viene de saber pegar un puñetazo perfecto, sino de saber que tus pies van a obedecer si decides correr o que tu voz va a salir si necesitas pedir ayuda.

La importancia de la conciencia situacional

En el curso mencionan mucho la conciencia del entorno. Yo antes caminaba mirando el celular o perdida en mis pensamientos sobre los informes de la oficina. Ahora, trato de estar presente. No paranoica, solo presente. Es la diferencia entre ver una sombra y entrar en pánico, o ver una sombra y decidir rodearla con calma. Para nosotros los que trabajamos todo el día sentados, estas técnicas de autodefensa para mujeres de oficina son una joya porque se adaptan a nuestra rutina real, no a una fantasía de gimnasio.

Un ángulo que solemos olvidar: la movilidad

Mientras practicaba estos días, me puse a pensar en algo que el instructor mencionó de pasada. Casi todos los consejos de 'superar el bloqueo' asumen que puedes salir corriendo o que puedes ponerte en una postura de combate perfecta. Pero, ¿qué pasa con las personas con movilidad reducida, por ejemplo, alguien en silla de ruedas? Para ellos, el bloqueo mental es igual de real, pero las opciones de salida son distintas.

Si alguien depende de su silla, su 'vehículo' es parte de su defensa. El bloqueo ahí no solo es mental, sino que se siente agravado por la limitación física. Me hizo reflexionar mucho sobre la empatía. A veces nos quejamos de que no nos sale la voz, pero tenemos la ventaja de tener piernas que responden. Superar el miedo también implica reconocer las herramientas que cada uno tiene a mano, sean unas piernas rápidas o la habilidad de usar el entorno a nuestro favor de maneras creativas.

Rueda de silla de ruedas sobre colchonetas de entrenamiento de autodefensa

En mis clases, hay una chica que siempre llega un poco tarde pero con una energía increíble. Ella no puede correr muy rápido por una lesión antigua, y verla practicar cómo usar su voz y su mirada para marcar límites me enseñó más que cualquier manual de combate. Ella no se queda en blanco; ella ha entrenado su mente para aceptar su realidad y actuar desde ahí. Esa es la verdadera victoria sobre el bloqueo.

La victoria de los pequeños pasos

Ya no busco un cinturón negro, ni siquiera me importa mucho la técnica perfecta de esa que te enseñan en mi primera clase donde me sentí súper torpe. Lo que busco es la confianza de saber que mi voz y mis pies responderán cuando el pánico intente tomar el mando. La otra vez, caminando cerca de la Plaza de Armas, alguien se me acercó demasiado para pedirme algo de forma un poco agresiva. Por un segundo, sentí el frío en el esternón, pero esta vez mi voz salió. No fue un grito de película, pero fue un 'No, gracias' firme mientras seguía caminando sin dudar.

Ese pequeño momento valió todas las horas de quedarme en blanco en el gimnasio. Si sientes que el miedo te paraliza, no te castigues. Es biológico. Pero se puede entrenar. Si quieres empezar por algo sencillo y que puedas ver a tu ritmo, te recomiendo mucho echarle un ojo a los 21 Secretos para Vencer a Agresores Callejeros. A mí me dio esa base mental que las clases presenciales a veces dan por sentada.

Al final del día, se trata de volver a casa tranquilas. De que ese paseo por Arequipa bajo la luna sea solo eso: un paseo, y no una prueba de resistencia para nuestros nervios. ¡Nos vemos el próximo sábado en el mat (si es que no me vuelvo a olvidar la botella de agua)!

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