
Ese sonido de mis propios pasos rebotando en las paredes de sillar de la calle Santa Catalina siempre me ponía los pelos de punta. No sé si te pasa, pero cuando sales tarde de la oficina y el centro de Arequipa se queda en ese silencio pesado, cualquier sombra parece que te está midiendo. Caminaba rápido, casi corriendo, con la mirada clavada en mis zapatos, pensando que si no miraba a nadie, nadie me vería a mí. Error total, pero eso lo aprendí después.
Antes de que nos metamos en el lío, una cosa de confianza: por aquí vas a encontrar algunos enlaces. Si terminas comprando algún curso a través de ellos, a mí me llega una comisión. Pero ojo, a ti el precio no te sube ni un sol y yo solo te hablo de lo que he probado en mis clases torpes de los sábados o en mis noches de insomnio revisando videos. No soy experta en seguridad ni tengo cinturón negro de nada; de hecho, sigo siendo la que se tropieza con su propia sombra, así que si algo no me sirve, serás la primera en saberlo.
Todo empezó una noche nublada de noviembre. Salí de la oficina y sentí ese frío en la nuca, esa vulnerabilidad que me venía acompañando por años. Me cansé. Me cansé de sentirme como una presa. Así que, medio por impulso, me inscribí en unas clases presenciales. Pero claro, entre el trabajo y que soy un poco introvertida, las clases de los sábados se me hacían cortas y, sinceramente, me daban una vergüenza terrible. El instructor, que tiene una paciencia de santo, siempre me pide que grite 'no' con todas mis fuerzas para marcar mi espacio, y yo... nada. Me sale un susurro que parece que estoy pidiendo permiso para pasar. Es ese nudo en la garganta que no te deja sacar la voz cuando más la necesitas.
El momento en que decidí buscar refuerzos
Después de mi cuarta clase de los sábados, me di cuenta de que necesitaba algo más que pudiera masticar a mi ritmo, sin que toda la clase me mirara mientras yo intentaba coordinar pies y manos. Ahí fue cuando, durante el feriado largo de mayo, me topé con algo que cambió mi perspectiva: el curso 21 Secretos para Vencer a Agresores Callejeros. Lo abrí en mi laptop, con mi pijama de franela puesto y un té de pinda en la mano, pensando que sería lo típico de 'pega aquí y patea allá'.
Pero no. Lo que me enganchó fue que no se trataba de ser una experta en artes marciales. Yo no quiero una medalla, quiero llegar a mi casa a ver mi serie tranquila. Me sorprendió ver que tenía una calificación promedio de usuarios de 4.5, lo cual me dio un poquito de calma porque, aceptémoslo, en internet hay mucho humo. Me puse a ver las lecciones y entendí que la seguridad no empieza cuando alguien te agarra del brazo, sino mucho antes.

Empecé a aplicar lo que veía en esas 21 lecciones estratégicas casi sin querer. Por ejemplo, algo que me voló la cabeza fue el tema de la visión de túnel. Resulta que cuando nos asustamos, nuestro campo visual se puede reducir hasta en un 70%. O sea, dejas de ver las salidas, dejas de ver quién viene por el costado, te quedas ciega de puro miedo. Aprender a respirar para no entrar en ese túnel fue mi primera pequeña victoria.
La técnica de la mirada (que no es lo que piensas)
Aquí es donde entra mi gran descubrimiento, algo que mi instructor también menciona pero que en el curso online explicaban con una lógica que me hizo clic. Yo pensaba que evitar el contacto visual me hacía invisible. ¡Qué equivocada estaba! Resulta que evitar el contacto visual total te hace parecer una presa fácil, alguien que está desorientado o muerto de miedo. Los tipos que buscan a quién asaltar huelen eso a kilómetros.
Lo que aprendí es a dar una mirada rápida y deliberada. No es quedarse mirando fijo como si fueras a pelear (porque, seamos honestos, yo saldría perdiendo), sino un 'te vi, sé que estás ahí y estoy atenta'. Es una mirada que comunica alerta. La primera vez que lo hice hace un par de semanas, sentí un subidón de adrenalina. Vi a un tipo sospechoso cerca de un callejón, le di esa mirada firme de un segundo y seguí mi camino manteniendo la distancia. No pasó nada, pero por primera vez en años, no sentí que el corazón se me iba a salir por la boca.
Si te pasa como a mí, que te da cosa incluso mirar a la gente, hay algunos consejos sobre la importancia del lenguaje corporal que ayudan un montón a cambiar esa postura de 'víctima' por una de 'persona que sabe a dónde va'.
La distancia de los dos brazos
Otro truco que se me quedó grabado es la distancia de seguridad. Siempre nos dicen 'no dejes que se acerquen', pero ¿cuánto es eso? En el curso explicaban que la distancia ideal para poder reaccionar es de aproximadamente dos brazos de longitud. Si alguien que no conoces rompe esa burbuja, tu alarma interna tiene que sonar al máximo. No es ser maleducada, es ser precavida. De hecho, he tenido que aprender a poner límites físicos sin sentir vergüenza, algo que a las mujeres nos cuesta horrores por esa educación de ser 'siempre amables'.
Las clases de los sábados y mi compañera Marta
No creas que por ver videos ya soy una ninja. Sigo yendo a mis clases presenciales porque nada reemplaza el sudor y el miedo a caerte. Mi compañera Marta es mi consuelo; ella es todavía más despistada que yo. El otro día estábamos practicando cómo zafarse de un agarre de muñeca y terminó enredada en su propio bolso, casi se va de cara contra el mat. El instructor solo suspiró y nos volvió a explicar con esa calma infinita que tiene.
Pero lo gracioso es que, aunque Marta sea torpe, ella ya no camina mirando el celular. Ese es otro de los errores comunes de seguridad al salir del trabajo que todas cometemos. Estamos tan metidas en el WhatsApp que no vemos ni quién camina a nuestro lado. Ahora, cuando salimos de clase, nos vamos juntas hasta el paradero, chequeando el entorno como si estuviéramos en una misión secreta. Nos reímos, pero en el fondo sabemos que estamos más seguras así.

A veces me pongo a pensar en lo mucho que me costó dar el primer paso. Si tú nunca has hecho nada de esto, quizás te sirva leer sobre cómo empezar a entrenar autodefensa desde cero. No necesitas músculos, necesitas ganas de no tener miedo.
¿Vale la pena el curso online?
Mucha gente me pregunta si de verdad se aprende viendo videos. A ver, yo soy clara: si buscas aprender a dar patadas voladoras, esto no es para ti. Pero si lo que quieres es entender cómo piensa un agresor y cómo evitar que te elijan como blanco, entonces sí. El curso 21 Secretos para Vencer a Agresores Callejeros es como una charla de una amiga que sabe mucho de la calle y te da los 'tips' reales, no los de película.
Lo que más me gusta es que lo puedes repasar cuando quieras. Yo a veces, antes de salir a una zona que no conozco, me vuelvo a ver la lección sobre conciencia situacional. Es como un recordatorio para mi cerebro: 'Paola, saca las manos de los bolsillos, levanta la barbilla y no te pegues tanto a las esquinas oscuras'. Ese tacto áspero del sillar en mis dedos cuando caminaba pegada a la pared... ya no lo busco. Ahora prefiero caminar por el medio de la vereda, donde hay luz, donde puedo ver y ser vista.
Por cierto, si tienes dudas sobre qué hacer si las cosas se ponen feas de verdad, siempre es bueno tener una idea de qué hacer ante un posible asalto. La regla de oro que me enseñaron tanto en el curso como en la clase es: tu vida vale más que cualquier celular. Si el tipo quiere el teléfono, dáselo. Pero dáselo de una forma que te permita salir corriendo, no se lo pongas en la mano para que te agarre.
Un pequeño consejo de alguien que todavía se bloquea
No te castigues si al principio te quedas en blanco. A mí me sigue pasando. El instructor me dice '¡Grita!' y yo abro la boca y no sale nada. Pero poco a poco, ese nudo se va soltando. He empezado a hacer ejercicios para superar el miedo a gritar en mi casa (mi vecino debe pensar que estoy loca, pero bueno). La confianza es un músculo que se entrena, igual que las piernas.
Al final del día, lo que aprendí en esos secretos callejeros no fue a pelear, sino a vivir con menos miedo. Aprendí que mi intuición es mi mejor arma y que si algo se siente mal, probablemente esté mal. No soy una experta, solo soy Paola, la de la oficina, que ahora camina por Arequipa sintiendo que su postura, por fin, significa algo. Y eso, creéme, vale cada minuto de práctica.
Si sientes que estás lista para dejar de ser un blanco fácil, te recomiendo mucho que le eches un ojo a este curso de 21 secretos. Es directo, es honesto y, sobre todo, es real para personas como tú y como yo. Obviamente, no soy profesional de la salud ni de seguridad pública, así que si sientes que estás en una situación de riesgo grave, siempre consulta con profesionales o las autoridades locales. Pero para el día a día, para caminar a casa después del trabajo, estas herramientas son oro puro.
¡Nos vemos el próximo sábado en clase, o quizás cruzando alguna plaza, con la cabeza bien alta!